Sobre el templo
Itsukushima Jinja, conocido popularmente como el santuario de Miyajima, es uno de los lugares más emblemáticos y mágicos de todo Japón. Ubicado en la isla sagrada de Itsukushima (Miyajima), en la bahía de Hiroshima, este santuario sintoísta parece flotar sobre las aguas del mar Interior de Seto gracias a su arquitectura construida sobre pilares. Su gran torii rojo de 16 metros de altura, que emerge del mar durante la marea alta, es una de las imágenes más fotografiadas y reconocibles del país, símbolo perfecto de la armonía entre lo sagrado y la naturaleza. Dedicado a las tres diosas del mar y las tormentas (las Munakata Sanjoshin), el santuario ofrece una experiencia única: el contraste entre el rojo vibrante de sus edificios, el azul del mar y el verde de los bosques de la isla crea un paisaje de belleza sobrecogedora que ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Es uno de los tres paisajes más famosos de Japón y un lugar donde la devoción ancestral se funde con la maravilla natural en su estado más puro.
Historia
La historia de Itsukushima Jinja se remonta al año 593, durante el reinado de la emperatriz Suiko, cuando Saeki no Kuramoto estableció el primer santuario en honor a las tres diosas del mar: Ichikishimahime-no-mikoto, Tagorihime-no-mikoto y Tagitsuhime-no-mikoto, hijas de Susanoo-no-mikoto. La isla misma era considerada sagrada desde tiempos antiguos, por lo que el santuario se construyó sobre el agua para no profanar la tierra divina. En 1168, el poderoso líder del clan Taira, Taira no Kiyomori, reconstruyó y amplió el santuario en estilo shinden-zukuri (el de las residencias aristocráticas de la época Heian), convirtiéndolo en el magnífico complejo que vemos hoy. Kiyomori lo convirtió en el santuario familiar de los Heike y lo protegió fervientemente. A lo largo de los siglos sufrió incendios, tifones y guerras (incluyendo la Batalla de Itsukushima en 1555, ganada por Mori Motonari), pero fue reconstruido manteniendo fielmente el estilo original. Tras la Restauración Meiji, el santuario mantuvo su importancia espiritual. En 1996 fue inscrito como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO junto con gran parte de la isla, reconociendo su excepcional valor cultural y la perfecta integración de la arquitectura con el paisaje marítimo y boscoso.
🎴 Curiosidades
El gran torii (O-torii) de 16 metros de altura está construido con madera de alcanfor y no está fijado al fondo del mar: se sostiene por su propio peso y la precisión de la ingeniería tradicional japonesa. Durante la marea baja se puede caminar hasta él
El santuario completo, incluyendo pasarelas y edificios, está construido sobre pilares sobre el agua, lo que hace que todo el complejo parezca flotar en la marea alta — una imagen inolvidable especialmente al atardecer o de noche con iluminación
La isla de Miyajima está habitada por cientos de ciervos sagrados que caminan libremente entre los visitantes; según la tradición sintoísta, son mensajeros de los dioses
Está prohibido nacer o morir en la isla, ya que se considera demasiado sagrada. Por eso el santuario se construyó sobre el mar, para que los peregrinos no pisen la tierra divina
Además de protección marítima y contra tormentas, las tres diosas son veneradas por éxito en los negocios, artes, música y parto seguro. Hay omamori muy bonitos relacionados con el mar y la creatividad
En el recinto hay un escenario de Noh (teatro tradicional) construido sobre el agua, donde se realizan representaciones gagaku y danzas sagradas en ocasiones especiales
El torii tiene símbolos del sol y la luna en sus extremos, y en una cara lleva el nombre actual mientras que en la otra conserva una grafía antigua del nombre del santuario
Durante la marea baja el paisaje cambia completamente: el torii queda varado en la arena y se puede tocar de cerca, creando dos experiencias radicalmente distintas en un mismo lugar
Itsukushima Jinja forma parte de las Tres Vistas Escénicas de Japón (junto con Matsushima y Amanohashidate) y recibe millones de visitantes al año, pero conserva una atmósfera espiritual única gracias a la devoción continua de los locales